
Les nuits fauves, de Cyril Collard
La historia gira en torno a Jean, un fotógrafo y aspirante a cineasta, seropositivo, que vive su vida como si no hubiera mañana. Relaciones intensas, contradictorias, lujuria, deseo sin freno… y una incapacidad total de sostener el amor sin destruirlo.
En medio de eso aparece Laura, una chica de 17 años, con la que empieza una relación tan apasionada como tóxica. Y Samy, un deportista con el que Jean explora otro tipo de vínculo igual de inestable.
Todo en él es exceso: el amor, el cuerpo, la noche… incluso la negación de su propia enfermedad.
Y hay una imagen que se queda grabada: su viaje a Brasil, filmando a los surfistas de trenes… chicos de pie sobre vagones en movimiento, buscando adrenalina pura. De algún modo, esa imagen resume toda la película: vivir al límite aunque sepas que estás al borde de la caída.
Pero lo más fuerte es el contexto. Principios de los 90. El sida todavía era una sentencia de muerte social y física. Y el miedo lo atravesaba absolutamente todo.
Cyril Collard no solo dirigió la película… la escribió, la protagonizó, la musicalizó, y la estaba viviendo. Era bisexual, seropositivo y murió tres días antes de que Les Nuits fauves ganara cuatro Premios César.
Hoy se ve como una película incómoda, excesiva, a veces difícil de mirar.
Pero hay algo en ella que no ha envejecido: Esa urgencia brutal de vivir… incluso cuando vivir duele.


